Gloria imaginaria

Con lo difícil que resulta esto de hacerse un nombre en la literatura, y más en Colombia, he decidido que a partir de hoy la ficción no solo marcará mi obra, sino también mi vida.

Me convertiré en una célebre escritora rodeada siempre de brillantes literatos inventados por mí, y también, claro, seré invitada de honor a los más acreditados encuentros y ferias del libro de países tanto reales como imaginarios.

Mi obra será traducida a más de una treintena de idiomas y elogiada por la más implacable crítica. Contaré con un biógrafo, europeo, ni más faltaba. Un premio hispanoamericano de cuento dotado con diez mil dólares llevará mi nombre.

También seré miembro de la Academia Colombiana de la Lengua y doctora Honoris Causa de la Universidad de Columbia en Nueva York.

Mi novela “X” será ganadora del premio Planeta y luego llevada al cine por el reconocido cineasta español Alejandro Amenábar. A partir de entonces mis novelas serán laureadas con los más importantes premios literarios entre los que figurarán el Premio Ritz París Hemingway, el Príncipe de Asturias, el Dulcinea de Toboso,  el Premio Sherezade, y el Premio Sancho Panza.

Seré nombrada visitante ilustre de la ciudad de Buenos Aires, Chocofantasy y Madrid.  Varios de los más grandes directores del mundo estarán interesados en llevar mis obras al cine, filmes que serán laureados en Cannes,  Goya, San Sebastián y Venecia.

Me iré a vivir a la Ciudad de México en el año dos mil treinta, donde me encontrará la muerte unos cuarenta años después mientras carcajeo y bebo  tequila Don Ramón en compañía de algunas de las figuras literarias más sobresalientes de mi generación.

Me harán una distinción luctuosa en el Palacio de Bellas Artes de  México D. F, donde el público exaltará mi legado.

Los estudiosos dirán que los temas que atravesaron mi obra fueron la muerte, el miedo, la soledad, el amor y la creación artística.

La Asociación de Academias de la Lengua Española lanzará en el año dos mil cuarenta una edición popular conmemorativa de “Interludio rojo”, por considerarla parte de los grandes clásicos hispánicos de todos los tiempos.

Mi libro de memorias será publicado al conmemorarse un año de mi muerte y será traducido a treinta y cinco idiomas. Como distinción a mi “gran memoria” se abrirá un museo que contará con nueve ambientes que recrearán los espacios en los que transcurrió mi niñez.

En el dos mil cuarenta y cinco el Fondo de Cultura Económica de México construirá dos centros culturales, uno en el D.F y otro en Bogotá, que también llevarán mi nombre.

Y como si fuera poco, figuraré, junto a Virginia Woolf, James Joyce y Vladimir Nabocov, en la lista de grandes escritores que nunca recibieron el Nobel.

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